Por Pablo Figueroa.

Se han cumplido más de diez años de la desaparición del apodado “Padrino de la Nueva Era”, para algunos el embaucador literario más exitoso del siglo XX. Su tremendo fenómeno como autor, sostenido a lo largo de tres décadas, estuvo acompañado de controversias constantes. Una revisión del conjunto de su misteriosa y seductora obra, junto con recientes testimonios de allegados a su círculo más íntimo, ofrecen revelaciones sobre el hermético grupo de “brujos”.

Una mirada de conjunto

Lejos ha quedado el épico encuentro de Carlos Castaneda con Don Juan, el carismático indio yaqui que lo adoptaría como aprendiz de brujo y le enseñaría las técnicas necesarias para pasar a otros mundos en una “realidad aparte”. El año era 1960 y el lugar, una polvorienta terminal de autobuses en Arizona. La interacción del antropólogo con el misterioso “hombre de conocimiento” había sido tan formidable, que Castaneda se sintió incitado a rastrear por el desierto a su “informante”. Su objetivo era aprender los usos de las plantas psicoactivas que los indígenas nativos conocían desde tiempos inmemoriales. En los años subsiguientes y de la mano de Don Juan, Castaneda probó cactus alucinógenos, habló con un coyote luminoso, y aprendió a volar. Estas aventuras iniciales relacionadas con el uso de plantas psicotrópicas y la guía del chamán, resultan completamente disímiles de las experiencias relatadas en los últimos libros del autor, cuya compleja trama de personajes y conceptos místicos es comparable a inteligentes elucubraciones de ciencia ficción. La corporación que comercializó en distintas partes del mundo la “Tensegridad” (una serie de movimientos de supuesto origen tolteca diseñados para el bienestar físico y espiritual), contrasta aún más con la nostálgica cosmología de don Juan y con aquellas misteriosas caminatas en el desierto, donde los parajes desolados se hallaban repletos de significados sobrenaturales. ¿Qué sucedió a lo largo del camino? ¿Fue la obra de Castaneda basada en hechos reales, o fue más bien el sagaz producto de un escritor oportunista? ¿De qué modo se transformó su doctrina, y qué sucedió con las “brujas” que lo acompañaron hacia el final de su vida?

Las distintas fases en la obra de Castaneda

La primera etapa: estados de realidad no ordinaria

La historia de cómo el racionalista europeo se convierte en aprendiz de brujo se popularizó a través de los relatos fundantes “Las Enseñanzas de Don Juan”, “Una Realidad Aparte”, “Viaje a Ixtlan”, y “Relatos de Poder”.  Pero los detalles concretos y el contexto real de los encuentros con el sabio chamán permanecieron oscuros y permeados de controversias. De principio a fin, Castaneda aseguró que presentaba el caso de su aprendizaje tal y como había sucedido. Pero los relatos, si bien sumamente cautivantes, eran tan extraordinarios que no faltaron quienes comenzaron a desconfiar de su legitimidad. El primer suceso insólito se dió dentro del ámbito académico. ¿Cómo una obra de autenticidad dudosa y que no cumplía con los requisitos formales necesarios de una investigación llegó a convertirse en una tesis de graduación de antropología en UCLA? ¿Por qué fue recibida con tanto entusiasmo y sin cuestionamientos? Inicialmente, Castaneda trató de seguir las convenciones de la antropología al incluir un apéndice con un “análisis estructural” al final de su primer libro, “Las Enseñanzas de Don Juan”. Aparentemente, buscaba un lugar académico en la línea de la psicodelia, así como la había hecho anteriormente Aldous Huxley. Cuando Castaneda le mostró el manuscrito a un profesor de una materia que él cursaba llamado Clement Meighan (quien le había asignado entrevistar a un indio como parte de sus estudios etnográficos), éste le aconsejó presentarlo como literatura corriente más que como una monografía universitaria. Decepcionado y sin dinero, Castaneda trabajó en el manuscrito del libro por espacio de varios años. Después de pasar por diferentes trabajos temporarios y de idas y venidas en la universidad, finalmente se decidió a seguir el consejo de su profesor y presentó las “Enseñanzas” en la oficina de University of California Press. Se lo mostró al editor Jim Quebec, quien quedó impresionado por el relato pero expresó ciertas dudas acerca de su autenticidad. Sin embargo, como los reportes del departamento de antropología de UCLA estaban repletos de elogios, el editor se convenció y el libro fue publicado en la primavera de 1968.

Seguramente el apoyo de escolares reconocidos como E. Spicer, E. Leach, B. Myerhoff y P. Furst ayudaron a que el libro permaneciera incuestionado durante varios años. Sin embargo, en 1973 un reportaje de la revista Times titulado “Don Juan y el aprendiz de brujo” se refería a los escritos de Castaneda con visible desconfianza:

Con la creciente fama vienen crecientes dudas. Don Juan no tiene otro testigo verificable, y Juan Matus es un nombre tan común entre los indios yaquis como John Smith más al norte” –se afirma.

Otros autores también expresaron su sorpresa el ver que el libro era aceptado y catalogado como una obra de no-ficción, entre ellos Joyce Carol Oates. El cuestionamiento definitivo sería tarea de los renombrados investigadores Richard de Mille y Daniel Noel, quienes publicaron un minucioso análisis sobre Castaneda demostrando las enormes discrepancias de datos en los diferentes libros que se contradicen en detalles de tiempo, espacio, secuencia, y descripción de los eventos. Se sabe que hay posibles fuentes originales publicadas para casi todo lo que Castaneda escribió (las lecciones de don Juan son sorpredentemente similares a ciertas nociones de budismo, fenomenología, taoísmo y zen), y tan cercano paralelo hace difícil no pensar en la posibilidad de un plagio. Casi con seguridad, al menos uno de los encuentros etnográficos narrados por Castaneda aparece parodiado: en “Una Realidad Aparte”, un brujo amigo de Don Juan, Don Genaro hace un salto por encima de una catarata con la ayuda de poderes sobrenaturales. Según diría Myerhoff más tarde, este episodio sucedió cuando su propio informante, un chamán de la etnia huichol llamado Ramón Medina demostró ciertas acrobacias sobrenaturales en una cascada frente a Myerhoff, donde Castaneda también había estado presente.

Profundizando aún más en el análisis, en un libro posterior De Mille compiló 47 páginas de citas donde se ven con claridad los autores que parece plagiar el discurso de Don Juan, que abarcan desde Wisttgenstein y C.S.Lewis hasta publicaciones menores de antropología. La concepción de cómo ven el cuerpo humano los brujos, explicada en “Una Realidad Aparte”, “Un hombre se ve como un huevo humano de fibras circulando. Y sus brazos y piernas son como destellos luminosos explotando en todas direcciones” es prácticamente idéntica a la del Yogi Ramacharaka quien dice que “El aura humana es vista por el obervador psíquico como una nube luminosa con forma de huevo, iluminada por finos haces de luz explotando en todas direcciones”. Además, varios autores sugieren que los aspectos del desierto de Sonora que describe Castaneda en sus relatos son implausibles en términos medioambientales. La lectura y el análisis profundo de los escritos de Castaneda, junto con todos los elementos antes mencionados, llevaron a de Mille a concluir que las aventuras de Carlos “no se habían originado en el desierto de Sonora sino en la biblioteca de UCLA”.

Para algunos, los editores del primer libro de Castaneda, The University of California Press, sabían desde el principio que la historia era una farsa. Pero el libro fue un extraordinario éxito editorial y lo sigue siendo. Durante su vida, Castaneda vendió más de diez millones de ejemplares y, aún hoy, Simon and Schuster sigue clasificando su trabajo como no-ficción, lo cual no parece sino contribuir a su popularidad. La demanda de las “Enseñanzas” es de al menos 7.500 ejemplares al año en Estados Unidos. ¿Por qué entonces, una obra que a todas luces parece un plagio y que carece de sustento verificable en la realidad sigue gozando de semejante popularidad y éxito? El artículo antes mencionado de la revista Times expresa:

“En verdad, aunque el hombre es un enigma envuelto en misterio envuelto en una tortilla, el trabajo es bellamente lúcido. La historia de Castaneda se desenvuelve con un poder narrativo que no alcanzan otros estudios antropológicos. (…) En todos los libros, pero especialmente en Viaje a Ixtlan, Castaneda hace experimentar al lector la presión de los misteriosos vientos y el estremecimiento de las hojas durante el crepúsculo, el alerta peculiar del cazador acerca del olor y el sonido, el áspero chaparral de la vida india, la cruda fragancia del tequila y el sabor fibroso y vil del peyote, el polvo en el auto y lo impresionante del vuelo de un cuervo. Es un entorno supremamente concreto, repleto de significados animistas”.

Tal vez sea entonces la hipnótica estrategia narrativa que utiliza Castaneda lo que atrae a los lectores. Resulta problemático, sin embargo, juzgar sus libros en términos de lo que el autor dice que son: recuentos fieles de los acontecimientos tal y como sucedieron.

Si los libros de Castaneda son misteriosos, el autor mismo lo es aún más. Quienes lo conocieron lo describen como un hombre de una picardía y una vivacidad fuera de lo común, alguien capaz de cautivar a sus interlocutores con la sagacidad de sus historias, divertido, espontáneo y seductor. Pero la dimensión de sus contradicciones llevó a muchos a preguntarse si realmente existió Carlos Castaneda. Como persona de carne y hueso, desapareció de cualquier tipo de visibilidad pública en 1973. De allí en más nunca permitió que se le tomaran fotos ni se le grabase. De su biografía sólo hay datos inconclusos y fragmentarios, aunque se ha demostrado que mintió ampliamente en cuanto a sus datos personales, edad, lugar de nacimiento, educación, etc. Aunque Castaneda había manifestado que nació en Brasil en 1935, los registros de inmigraciones de Estados Unidos muestran que nació en 1925 en Perú. Antes de eso, había estudiado pintura y escultura en Perú (no en Milán como afirmara). Su madre murió cuando él tenía 24 años (no cuando tenía 6 como él dijera), y la lista de discrepancias podría continuarse. “Borrar la historia personal” era uno de los conceptos claves de don Juan, rodearse de un halo de misterio donde nada puede darse por sentado significaba que la gente “no puede atraparte con sus pensamientos”. La estrategia, no puede dejar de notarse, se ajusta como anillo al dedo ya que funciona como justificativo de las inconsistencias factuales y de discurso a lo largo de los libros. Así y todo, los primeros cuatro títulos fueron tremendamente exitosos, ambos en términos de crítica y ventas. El “Viaje a Ixtlan” fue inundado con una lluvia de elogios, y convirtió a Castaneda a la vez en millonario y celebridad mundial. Entre sus admiradores más famosos se hallan personalidades tan diversas como Federico Fellini, Jim Morrison, Octavio Paz y Paul Feyerabend entre otros.

La segunda etapa: el viraje a la Nueva Era

Hacia la década del ochenta las bases de las enseñanzas de don Juan comenzaron a tomar un giro diferente de la línea que las precedía. Lo que al principio parecía estar basado en la ingestión de plantas psicotrópicas pasó a ser transformado luego en técnicas diseñadas para el control consciente de los sueños, que producirían una suerte de efecto similar a un viaje astral. En “Viaje a Ixtlan” Castaneda explica que el uso inicial de alucinógenos se había debido a su propia insensibilidad, pero que su ingestión no era estrictamente necesaria y que de hecho, mucha gente parecía no necesitarla. En la escena final de “Relatos de Poder, Castaneda salta al abismo desde lo alto de un desfiladero pero sin embargo no muere. Su explicación del hecho está organizada a partir de los conceptos de “tonal” y “nagual”, categorías de conocimiento que si bien tienen una raíz en la cosmología indígena del México antigüo, Castaneda resignifica. Se habla ahora de “mover el punto de encaje” para pasar a “otros mundos”, de la técnica de “ensoñar”, que implica un control consciente de los sueños, y de toda una serie de prácticas para el desarrollo de “otra atención” que permiten la exploración de nuevos mundos. En otras palabras, poco a poco se pasa de la relación dual maestro-aprendiz situada en el árido paisaje del desierto y centrada en la toma de peyote (una “realidad aparte” que en su contenido y explicación parece abrevar en el budismo zen), a una abigarrada trama de personajes y técnicas de ensoñamiento como mecanismo de acceso a las compuertas de otras dimensiones (un mundo que parece producto de la ciencia ficción).

La tercera etapa: los seminarios de Tensegridad y las “brujas”

Ya en la última parte de su vida, Castaneda creó un hermético grupo de seguidores dedicados a la difusión de la Tensegridad, una técnica de movimientos que según él, había sido transmitida por 25 generaciones de chamanes toltecas. Para la promoción de la nueva disciplina se fundó la corporación Cleargreen Incorporated, encargada de la organización de seminarios en distintas partes del mundo. El núcleo de la Tensegridad estaba compuesto por un grupo de mujeres intensamente dedicadas a Castaneda, de quienes en su mayoría se dice que eran o habían sido sus amantes. Todas usaban el mismo estilo de cabello, corto y teñido de rubio, y su apariencia física era muy similar. Las así llamadas “brujas” se mudaron junto con Castaneda a un complejo habitacional que el autor tenía en la Avenida Pandora en Los Angeles. Las más conocidas eran las “brujas” Florinda Donner-Grau (nombre original Regine Margarita Thal), Taisha Abelar (nombre original Marian Symko) y Carol Tiggs (originalmente Kathleen Pohlman). Donner-Grau y Abelar desaparecieron repentinamente luego de la muerte del líder sin dejar rastro alguno, y hasta el día de hoy se especula que se han suicidado.

Las integrantes de este círculo mantenían un velo de absoluto secreto acerca de sus actividades. Tenían varios alias, no dejaban que se las fotografiara, y seguramente cumpliendo con el precepto de “borrar la historia personal”, constantemente cambiaban los datos acerca de sí mismas. En consecuencia, no había casi información certera acerca del funcionamiento del grupo.

Las cosas comenzaron a cambiar después de la muerte de Castaneda. Gracias a los testimonios de seguidores muy allegados al núcleo de los líderes de la Tensegridad (devotos rechazados inclusive llegaron a filmar los movimientos del grupo mediante guardias permanentes fuera del complejo habitacional del autor), los hechos supuestamente reales de sus vidas comenzaron a salir a la luz.

En un extenso artículo titulado “El oscuro legado de Carlos Castaneda”, Roberst Marshall cuenta con lujo de detalles los pormenores del maltrato psíquico del que eran víctimas quienes intentaban pasar a formar parte del mundo de los brujos. Para Amy Wallace, autora de “Aprendiz de Brujo” (libro en el cual relata su experiencia con Castaneda), la iniciación implicó acostarse con el autor, para después seguir una serie de instrucciones que incluían cortar sus lazos con el pasado, conseguir un trabajo en Mc Donald’s, no abrazar a sus padres, etc. Wallace había entrado en contacto con Castaneda desde muy joven, y rápidamente se vio seducida por el escritor, quien le decía cosas tales como que estaban “energéticamente casados”. Wallace relata también cómo la iniciación era brutal en algunos casos: se instruía a los novicios a que dijeran a sus padres “te mando al infierno”. En una ocasión, los padres de un iniciado murieron poco después de que el novicio cortara los lazos familiares. Castaneda lo alabó diciendo que “cuando uno realmente lo hace, mueren instantáneamente, como si estuvieras aplastando una mosca, y eso es lo que realmente son, moscas”.

Según Wallace, lo más traumático era que los seguidores nunca sabían adónde estaban parados. En un momento, todo era afecto, cariño y alabanzas, y al momento siguiente, por ofensas espirituales desconocidas, eran desgajados del grupo sin explicación. Para ella, Castaneda era “experto en este tipo de comportamiento; no era ningún tonto”. Los allegados agregan que Castaneda buscaba un cierto perfil psíquico y físico en sus seguidoras: una mezcla de belleza, inteligencia y vulnerabilidad psíquica.

A fines de los ochenta, parece que Castaneda comenzó a pensar en una expansión, tal vez como manera de terminar con algo espectacular. Marshall afirma que Castaneda investigó la posibilidad de lanzar una nueva religión, tal como L. Ron Hubbard lo hiciera con la cienciología. Sin embargo, eligió la Tensegridad, un término acuñado por el diseñador Buckmintser Fuller. “Tensegridad” se refiere a la característcia que exhiben determinadas estructuras, cuya estabilidad depende del equilibrio entre fuerzas de tensión y compresión. En el universo de Castaneda, sin embargo, la tensegridad denomina una serie de técnicas corporales que tienen semejanzas con el tai chi y el karate. En los seminarios, mujeres vestidas de negro denominadas “chacmools” mostraban los movimientos para la audiencia. Estos workshops llegaban a costar hasta 1200 dólares, y tuvieron lugar en varios países. En este contexto, los participantes podían adquirir remeras y videos de instrucción con la filmación de la secuencia de movimientos.

La muerte de Castaneda: más controversias

Castaneda había manifestado que no moriría sino que, al igual que Don Juan, ardería desde adentro convirtiéndose en una bola de luz que pasaría a otra dimensión. Cuando en 1997 fue, según fuentes no oficiales, diagnosticado de cáncer de hígado, sus allegados mantuvieron la enfermedad en completo secreto. Se suponía que los brujos no se enfermaban, así que las brujas continuaron con los seminarios como si nada sucediese. Pero la salud del escritor continuó deteriorándose, lo cual parece haber afectado profundamente a Abelar que, según testimonios de Wallace, se entregó a la bebida. Lundahl, la figura central de los videos de la tensegridad, expresó que “Si no me voy con él, haré lo que tenga que hacer”, insinuando la posibilidad de un suicidio.

En abril de 1998 Castaneda murió a los 72 años de edad. Su desaparición no trascendió por al menos dos meses hasta que los medios se enteraron. Cleargreen puso una declaración online que decía “Carlos Castaneda dejó el mundo de la misma manera que lo hizo que su maestro, Don Juan Matus: con consciencia completa”

De la subsiguiente desaparición de las brujas Donner-Grau y Abelar, se especula con el suicidio ya que durante las reuniones Castaneda hablaba repetidamente de quitarse la vida en grupo. En cierta ocasión, una devota de Castaneda llamada Patricia Partin (una amante a quien el autor luego adoptaría como hija), fue enviada a reconocer posibles lugares de suicidio grupal. Se suponía que irían todos juntos hacia el “salto final”. Quizás la idea estaba inspirada en el fin del libro “Relatos de Poder” donde Castaneda salta hacia un abismo pero, al mover el “punto de encaje” y sintonizar con “otros mundos”, no muere. Según la información que aparece en el artículo de R. Marshall, en febrero de 2006 un esqueleto encontrado en Valle Muerto en California fue identificado a través de pruebas de ADN como el de Partin.

Lo que quedó

Para muchos, aunque irreal, el mensaje de Castaneda está bellamente narrado. Los primeros libros con don Juan han servido como método de inspiración a incontables personas a lo largo de los años. La filosofía y las enseñanzas del sabio indio están impregnadas de un romanticismo y un dramatismo literario que las hace difícilmente olvidables. Hay quienes creen a pie juntillas que las experiencias de Castaneda son reales de principio a fin y las defienden con fanatismo. Y también están aquellos que las atacan con igual vehemencia. Envueltos en controversias, los libros se siguen vendiendo y la Tensegridad continúa a pesar de la desaparición de sus líderes.

Sin embargo, cuando se observan los contextos socio-históricos en que fueron publicados, se hace difícil ignorar el hecho de que los trabajos parecen haber sido pensados para y definidos por esos mismos contextos. Lo que había sido un boom hacia finales de los sesentas (la psicodelia, el uso de alucinógenos, la figura del gurú) sería muy diferente de lo que estaría en boga hacia los ochentas (un misticismo propio de la Nueva Era). Su legado, si real, no puede entenderse sino a través de la fe, ya que no pasa la prueba del análisis racional. Es aquí, justamente, donde un ejercicio de discernimiento permitirá al lector acercarse a la comprensión de una obra que se caracteriza, más que ninguna otra cosa, por la ambigüedad, lo fuera de lo común y el misterio.

Pablo Figueroa es antropólogo, fotógrafo y escritor free lance.  Ha contribuído con  Buenos Aires Herald, Ciudad B, Del Obelisco, Matador, Revista Seda, Suite101  y Desnivel. Actualmente reside en Tokio, donde divide su tiempo entre la escritura, la docencia y la escalada en roca.