Arthur Schopenhauer (1788-1860) escribe a su madre Johanna en 1811… Os dejamos una de las misivas -conocidas- más sugerentes e interesantes que el filósofo de Danzig redactó durante su vida. El mismísimo Goethe, asiduo de las tertulias que Johanna Schopenhauer organizaba en su casa de Weimar, mantuvo una controvertida correspondencia con Arthur.
«La filosofía es un elevado puerto alpino; a él conduce únicamente un sendero abrupto que transcurre entre piedras agudas y espinas punzantes; es solitario, y cuanto más se asciende, más desierto se torna. Quien por él transita no conocerá el miedo, abandonará todo tras de sí y, con perseverancia, tendrá que abrirse paso a través de la fría nieve. A menudo se detendrá de súbito ante el abismo y observará el verde valle allá en lo profundo: entonces, el vértigo se apoderará de él amenazándole con arrastrarle hacia abajo, pero deberá dominarlo, si es necesario, incluso clavando a las rocas con su propia sangre las plantas de los pies. A cambio pronto verá el mundo debajo de sí: ante su vista se esfumarán los desiertos y los pantanos, las desigualdades parecerán igualarse y las notas disonantes no le estorbarán más allá arriba; el orbe entero se extenderá ante su mirada. Él mismo se mantendrá siempre inmerso en el puro frío aire alpino y podrá saludar al sol cuando a sus pies aún se extienda la noche oscura.
Existe un consuelo, una esperanza segura, y ésta la experimentamos por medio del sentimiento moral. Si nos habla claramente, si surge en nuestro interior con tanta fuerza un móvil que nos anima a la acción dirigida hacia lo más grande; si a ese sentimiento estamos dispuestos a sacrificar incluso nuestro bienestar aparente y externo, entonces intuimos con facilidad que nuestro bien es de otro tiempo, un bien con respecto al cual de nada sirven todas las razones mundanas; advertimos que nuestro severo deber apunta a una felicidad más elevada de la que él es mensajero; que la voz que oímos en tinieblas proviene de un lugar iluminado. Pero ninguna promesa concede fuerza al mandamiento de Dios; antes bien, es su mandamiento en vez de la promesa… Este mundo es el reino de la arbitrariedad y del error; de ahí que sólo debamos aspirar a lo que no nos es robado por la arbitrariedad, y sólo afirmar y actuar según aquello en lo que no cabe la posibilidad de error alguno».
Para leer más, puedes consultar la obra publicada en Valdemar (Madrid, 1999), Epistolario de Weimar (traducción de Luis Fernando Moreno Claros).
Nunca entendí demasiado bien lo poco que leí de Schopenhauer…quizá sea mi deje afrancesado postmoderno. Pero no hace falta ser muy lúcido para reconocerse a uno mismo en el paisaje alpino, por mi parte con el constante vértigo mirando al abismo.
Tu querido autor no podía tener más razón, puede que fuera por la confesión a una madre, no lo sé.
Gracias Carlos.
¡Muchas gracias, Silvia!
Me gustaría saber cuál hubiera sido la opinión de Schopenhauer sobre tus franceses postmodernos, la verdad… 😉
Gracias por leernos, y un abrazo fuerte.